En Otra caída... y ¡qué
caída!... ¿Desesperarte?... No: humillarte y acudir,
por María, tu Madre, al Amor Misericordioso de
Jesús. —Un "miserere" y ¡arriba ese corazón! —A
comenzar de nuevo.
Camino, 711
¡Mira qué entrañas de misericordia tiene la justicia
de Dios! —Porque en los juicios humanos, se castiga
al que confiesa su culpa: y, en el divino, se
perdona.
¡Bendito sea el santo Sacramento de la Penitencia!
Camino, 309
"Aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón..." ¡Humildad de Jesús!... ¡Qué lección para
ti, que eres un pobre instrumento de barro!: El
—siempre misericordioso— te ha levantado, haciendo
brillar en tu vileza, gratuitamente ensalzada, las
luces del sol de la gracia. Y tú, ¡cuántas veces has
disfrazado tu soberbia so capa de dignidad, de
justicia...! ¡Y cuántas ocasiones de aprender del
Maestro has desaprovechado, por no haber sabido
sobrenaturalizarlas!
Surco, 261
Acostúmbrate a poner tu pobre corazón en el Dulce e
Inmaculado Corazón de María, para que te lo
purifique de tanta escoria, y te lleve al Corazón
Sacratísimo y Misericordioso de Jesús.
Surco, 830
Cuenta el Evangelista San Lucas que Jesús estaba
orando...: ¡cómo sería la oración de Jesús!
Contempla despacio esta realidad: los discípulos
tratan a Jesucristo y, en esas conversaciones, el
Señor les enseña —también con las obras— cómo han de
orar, y el gran portento de la misericordia divina:
que somos hijos de Dios, y que podemos dirigirnos a
El, como un hijo habla a su Padre.
Forja, 71
Sí, tienes razón: ¡qué hondura, la de tu miseria!
Por ti, ¿dónde estarías ahora, hasta dónde habrías
llegado?...
"Solamente un Amor lleno de misericordia puede
seguir amándome", reconocías.
—Consuélate: El no te negará ni su Amor ni su
Misericordia, si le buscas.
Forja, 897
(...) Es preciso acudir insistentemente a la
Trinidad Santísima, para que tenga compasión de
todos. Al hablar de estas cosas, me estremece
referirme a la justicia de Dios. Acudo a su
misericordia, a su compasión, para que no mire
nuestros pecados, sino los méritos de Cristo y los
de su Santa Madre, que es también Madre nuestra, los
del Patriarca San José que le hizo de Padre, los de
los Santos.
Es Cristo que pasa, 82, 4
Fuente:
Oficina de información del Opus Dei en Internet